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domingo, 27 de noviembre de 2011
A corregir
Voy a comenzar la corrección de los blogs, pero no vais a encontrar ninguna nota, posiblemente, porque lo único que voy a hacer es leerlas, tomar notas para la evaluación y pasar a otra. El miércoles, volveré a entrar y pondré una nota global de la evaluación. Algunas serán altas, muchas otras no tanto. Ya dije que iba a ser bastante exigente con este trabajo. Suerte a todos.
Melancolía
¿Qué harías? ¿Cómo reaccionarías si supieras que el fin de la vida en la Tierra está a punto de ocurrir y no puedes hacer absolutamente nada?
Esa es una de las premisas de las que parte "Melancolía", la nueva película de uno de los directores más personales, marcianos y extraños del cine actual, el danés Lars von Trier. Y esta fue la película que ayer, sábado cultureta, tuve a bien ir por la noche.
Sábado por la mañana: madrugón total para corregir exámenes de 4º A (por cierto, resultados muy buenos en general). No pasaba nada, el viernes, tras ver una horrenda, aburrida y patética película de terror (House of the devil), me entró sueño y me fui a mi nueva camita viscolátex. Tras un buen rato corrigiendo, supliqué por que me sacaran de casa y nos fuéramos al centro, a tener un día completo de sol, tapas, exposiciones y cine. Y así fue.
Después de hacer una visita rápida a la calle Fuencarral, con parada técnica en La Ardosa I (sita en la calle Colón, el bar donde se sirve la mejor tortilla de patatas de Madrid), paseamos hasta el Tiger (la zarrien haus de moda) para llegar a La Ardosa II (donde se sirven las mejores bravas de todo Madrid). Un café y una exposición de fotografía maravillosa, de Juan Gatti, en la sala de exposiciones del Canal de Isabel II. La sala es un antiguo depósito de agua y, en la parte superior, había una proyección de las fotografías ocupando toda la cúpula, que se veían sentado en unos pequeños sofás. Totalmente recomendable.
Una vuelta por mis antiguos barrios (Malasaña y Argüelles) y entré a ver la película de Lars von Trier. Yo entré con miedito, puesto que con este autor o sales encantado, o sales echando pestes. En su última película, Anticristo, salí de la segunda forma. De esta, todo lo contrario. Me encantó, pero no es para todos los gustos.
La historia se divide en tres partes: introducción, primera y segunda parte. En la introducción, una cámara hiperlenta va mostrándonos a los dos personajes principales anunciándonos el final de la película ya desde el principio, para que no te hagas ilusiones de finales felices.
La primera parte está dedicada a Justine (interpretada por Kristen Dunst, la novia de Spiderman en las películas del héroe arácnido, aunque el papel lo escribió para nuestra Pe, pero que no pudo hacerla porque estaba en pleno rodaje de la última de los Piratas del Caribe). Es su boda, y ella, en vez de sentirse feliz, se ve cada vez más desgraciada y melancólica, montando un número tras otro, con un ambiente familiar algo desquiciado. Ella es la primera en simbolizar el título de la película, pues su eterno estado depresivo hace que todo se vaya a la basura.
La segunda parte está dedicada a Claire, la hermana de Justine (interpretada por la actriz francesa Charlotte Gainsbourg), que simboliza la racionalidad, la serenidad, vamos, todo lo contrario a su hermana. Pero de repente se produce algo que va a cambiar esa forma de ser: un planeta se acerca peligrosamente a la Tierra, tras haberse salido de su órbita, y cabe la posibilidad de que se estrelle contra nuestro planeta. Su paranoia va en aumento mientras intenta salvar a su hermana de una depresión destructiva total. Cuando el desastre parece inminente, ambas reaccionarán de forma totalmente opuesta a lo que nos imaginábamos. Y ahí llega la reflexión, ¿y tú cómo reaccionarías? Yo sé que de cualquier forma menos con racionalidad, así soy de visceral.
Una película extraña, rara, melancólica, simbolista, profundamente estética pero que te hace pensar mucho. La idea que defiende el director es terrible: el mundo merece desaparecer por estar lleno de maldad. Yo no creo que así sea, hay maldad entre nosotros, sí, pero hay mucha más bondad. O al menos, así quiero creerlo.
Para quienes quieran investigar sobre este director tan peculiar, os recomiendo ver películas tan interesantes como, a veces, deprimentes, por la visión tan negativa de la condición humana que siempre presenta: Rompiendo las olas, Bailando en la oscuridad (mi favorita, con la gran Bjórk, cantante chiflada islandesa, de protagonista), Dogville (con Nicole Kidman, que juró no volver a trabajar con ese señor porque casi la vuelve loca) o esta Melancolía que me ha sumido en un estado parecido (bueno, eso me lo ha producido el ver los resultados de algunos exámenes de Tercero).
Os dejo con el tráiler de la película.
Esa es una de las premisas de las que parte "Melancolía", la nueva película de uno de los directores más personales, marcianos y extraños del cine actual, el danés Lars von Trier. Y esta fue la película que ayer, sábado cultureta, tuve a bien ir por la noche.
Sábado por la mañana: madrugón total para corregir exámenes de 4º A (por cierto, resultados muy buenos en general). No pasaba nada, el viernes, tras ver una horrenda, aburrida y patética película de terror (House of the devil), me entró sueño y me fui a mi nueva camita viscolátex. Tras un buen rato corrigiendo, supliqué por que me sacaran de casa y nos fuéramos al centro, a tener un día completo de sol, tapas, exposiciones y cine. Y así fue.
Después de hacer una visita rápida a la calle Fuencarral, con parada técnica en La Ardosa I (sita en la calle Colón, el bar donde se sirve la mejor tortilla de patatas de Madrid), paseamos hasta el Tiger (la zarrien haus de moda) para llegar a La Ardosa II (donde se sirven las mejores bravas de todo Madrid). Un café y una exposición de fotografía maravillosa, de Juan Gatti, en la sala de exposiciones del Canal de Isabel II. La sala es un antiguo depósito de agua y, en la parte superior, había una proyección de las fotografías ocupando toda la cúpula, que se veían sentado en unos pequeños sofás. Totalmente recomendable.
Una vuelta por mis antiguos barrios (Malasaña y Argüelles) y entré a ver la película de Lars von Trier. Yo entré con miedito, puesto que con este autor o sales encantado, o sales echando pestes. En su última película, Anticristo, salí de la segunda forma. De esta, todo lo contrario. Me encantó, pero no es para todos los gustos.
La historia se divide en tres partes: introducción, primera y segunda parte. En la introducción, una cámara hiperlenta va mostrándonos a los dos personajes principales anunciándonos el final de la película ya desde el principio, para que no te hagas ilusiones de finales felices.
La primera parte está dedicada a Justine (interpretada por Kristen Dunst, la novia de Spiderman en las películas del héroe arácnido, aunque el papel lo escribió para nuestra Pe, pero que no pudo hacerla porque estaba en pleno rodaje de la última de los Piratas del Caribe). Es su boda, y ella, en vez de sentirse feliz, se ve cada vez más desgraciada y melancólica, montando un número tras otro, con un ambiente familiar algo desquiciado. Ella es la primera en simbolizar el título de la película, pues su eterno estado depresivo hace que todo se vaya a la basura.
La segunda parte está dedicada a Claire, la hermana de Justine (interpretada por la actriz francesa Charlotte Gainsbourg), que simboliza la racionalidad, la serenidad, vamos, todo lo contrario a su hermana. Pero de repente se produce algo que va a cambiar esa forma de ser: un planeta se acerca peligrosamente a la Tierra, tras haberse salido de su órbita, y cabe la posibilidad de que se estrelle contra nuestro planeta. Su paranoia va en aumento mientras intenta salvar a su hermana de una depresión destructiva total. Cuando el desastre parece inminente, ambas reaccionarán de forma totalmente opuesta a lo que nos imaginábamos. Y ahí llega la reflexión, ¿y tú cómo reaccionarías? Yo sé que de cualquier forma menos con racionalidad, así soy de visceral.
Una película extraña, rara, melancólica, simbolista, profundamente estética pero que te hace pensar mucho. La idea que defiende el director es terrible: el mundo merece desaparecer por estar lleno de maldad. Yo no creo que así sea, hay maldad entre nosotros, sí, pero hay mucha más bondad. O al menos, así quiero creerlo.
Para quienes quieran investigar sobre este director tan peculiar, os recomiendo ver películas tan interesantes como, a veces, deprimentes, por la visión tan negativa de la condición humana que siempre presenta: Rompiendo las olas, Bailando en la oscuridad (mi favorita, con la gran Bjórk, cantante chiflada islandesa, de protagonista), Dogville (con Nicole Kidman, que juró no volver a trabajar con ese señor porque casi la vuelve loca) o esta Melancolía que me ha sumido en un estado parecido (bueno, eso me lo ha producido el ver los resultados de algunos exámenes de Tercero).
Os dejo con el tráiler de la película.
martes, 15 de noviembre de 2011
Inquietud
Cuando uno va cumpliendo edad, se da cuenta de que no tiene tiempo que perder, que quiere ver todo, disfrutar de todo, porque llegará un momento en que ya cada vez te apetezcan menos cosas y quieras una vida más tranquila en casa. Es por ello que me apunto hasta a la apertura de un sobre vacío.
Así, el jueves pasado mi amiga E., profesora de Lengua como yo y Jefa de Estudios en un instituto del centro de Madrid, nos invitó a todos los amigos a un concierto que se celebraba en la sala Galileo Galilei, en el barrio de Argüelles, famoso por haberme tenido como vecino durante tres años. El concierto era de un grupo llamado Los Pilotos, en el que el teclista es su hermano, famoso por ser teclista del grupo de rock indie-alternativo más famoso de España, Los Planetas; vamos, que su hermano es una estrella independiente.
Y como yo me apunto a todo, pues allá que fui. Directamente del Juande, me fui al centro y como tenía tiempo, me di una vuelta por mi antiguo barrio (Malasaña) a ver tiendas tan curiosas como Curiosite (la tienda de regalos más originales de todo Madrid), donde me compré una figurita de Kurt Cobain, el suicida cantante de Nirvana, para que haga compañía a la de Amy Winehouse, en la estantería que en casa tengo dedicada a estrellas muertas en extrañas circunstancias (pronto hará compañía a ellos dos una de Michael Jackson de zombie que ya eché un ojo).

Después, me pasé por Tiger, mi "zarrien haus" (tienda de zarrios-tratos inútiles) favorita, para ver qué trasto para Navidad compro para que sirva de adorno a mi mansión. De ahí me fui a "La mañica", uno de los bares más infectos del barrio de Argüelles donde me esperaban mi amiga C. y mi amigo J. Fueron llegando poco a poco todos mis amigos, que en cuanto hay algo gratis se apuntan todos, y entramos al concierto con nuestras invitaciones V.I.P.
El concierto fue toda una experiencia: uno con un ordenador metiendo electrónica, el otro con una guitarra metiendo distorsión y en medio una enorme pantalla 3D con todo tipo de juegos visuales que nos tuvo absortos. Acabado el concierto, fuimos al backstage a saludar a los artistas y a comer y beber de gorra, que es para lo que siempre se va al backstage. No pudieron firmarme el disco (en vinilo, por supuesto, que soy un cultureta) porque me lo dejé en casa, pero prometieron hacerlo en el siguiente concierto.
Lo malo es que tanta inquietud cultural me pasa factura, y al día siguiente, al sonar el despertador y saber que tenía que ir al Juande a esparcir mi amplia sabiduría con mis queridos alumnos, quise morirme y meterme en la cama de nuevo. Pero como antes que el ocio, siempre está el negocio, me fui para allá y en ningún momento pudo nadie notar mi cansancio tan devastador. Es lo que tiene ser un gafapasta y un cultureta, que salir luego te deja para el arrastre. Especialmente cuando uno ha sobrepasado la horrenda frontera de los 40. Anda que me iba a cansar yo cuando tenía 20. Pero la inquietud cultural nunca se pierde, ni con 20 ni con 40.
Así, el jueves pasado mi amiga E., profesora de Lengua como yo y Jefa de Estudios en un instituto del centro de Madrid, nos invitó a todos los amigos a un concierto que se celebraba en la sala Galileo Galilei, en el barrio de Argüelles, famoso por haberme tenido como vecino durante tres años. El concierto era de un grupo llamado Los Pilotos, en el que el teclista es su hermano, famoso por ser teclista del grupo de rock indie-alternativo más famoso de España, Los Planetas; vamos, que su hermano es una estrella independiente.
Y como yo me apunto a todo, pues allá que fui. Directamente del Juande, me fui al centro y como tenía tiempo, me di una vuelta por mi antiguo barrio (Malasaña) a ver tiendas tan curiosas como Curiosite (la tienda de regalos más originales de todo Madrid), donde me compré una figurita de Kurt Cobain, el suicida cantante de Nirvana, para que haga compañía a la de Amy Winehouse, en la estantería que en casa tengo dedicada a estrellas muertas en extrañas circunstancias (pronto hará compañía a ellos dos una de Michael Jackson de zombie que ya eché un ojo).

Después, me pasé por Tiger, mi "zarrien haus" (tienda de zarrios-tratos inútiles) favorita, para ver qué trasto para Navidad compro para que sirva de adorno a mi mansión. De ahí me fui a "La mañica", uno de los bares más infectos del barrio de Argüelles donde me esperaban mi amiga C. y mi amigo J. Fueron llegando poco a poco todos mis amigos, que en cuanto hay algo gratis se apuntan todos, y entramos al concierto con nuestras invitaciones V.I.P.
El concierto fue toda una experiencia: uno con un ordenador metiendo electrónica, el otro con una guitarra metiendo distorsión y en medio una enorme pantalla 3D con todo tipo de juegos visuales que nos tuvo absortos. Acabado el concierto, fuimos al backstage a saludar a los artistas y a comer y beber de gorra, que es para lo que siempre se va al backstage. No pudieron firmarme el disco (en vinilo, por supuesto, que soy un cultureta) porque me lo dejé en casa, pero prometieron hacerlo en el siguiente concierto.
Lo malo es que tanta inquietud cultural me pasa factura, y al día siguiente, al sonar el despertador y saber que tenía que ir al Juande a esparcir mi amplia sabiduría con mis queridos alumnos, quise morirme y meterme en la cama de nuevo. Pero como antes que el ocio, siempre está el negocio, me fui para allá y en ningún momento pudo nadie notar mi cansancio tan devastador. Es lo que tiene ser un gafapasta y un cultureta, que salir luego te deja para el arrastre. Especialmente cuando uno ha sobrepasado la horrenda frontera de los 40. Anda que me iba a cansar yo cuando tenía 20. Pero la inquietud cultural nunca se pierde, ni con 20 ni con 40.
Hecho
Pues ya está, ya he corregido todos los blogs. A mirar los comentarios y a hacerme caso. Esta vez he tardado un poco más, pero es que mis obligaciones me han tenido atado.
martes, 1 de noviembre de 2011
Revisión finalizada
Ya están todos y cada uno de vuestros blogs revisados y comentados. Por favor, leed los comentarios y seguid las instrucciones. En general, he visto un apalancamiento bastante importante, un racanerío en las entradas, una relajación general. Ya lo hablaremos en clase, pero vuelvo a insistir en la importancia que tiene esta actividad en la nota global, así que ya os podéis poner las pilas. Además, aquí os pongo la lista de alumnos que no han actualizado y van caminito del suspenso en el blog (y bajada espectacular y/o suspenso en la evaluación):
4º A: Adrián, Sandra G. y Rubén S.
4ºB: Fernando B.
4º C: Alejandro G.
4º A: Adrián, Sandra G. y Rubén S.
4ºB: Fernando B.
4º C: Alejandro G.
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