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domingo, 30 de octubre de 2011

Segunda revisión

Recordatorio breve: entre hoy y mañana voy a hacer la segunda revisión de los blogs, así que estén atentos y hagan sus entradas para su evaluación por mi parte durante este puente. He podido ver que mucha gente ya ha cumplido, otros muchos no. También recuerdo que, si se desea una buena nota, una entrada a la semana será insuficiente para alcanzar las puntuaciones máximas. Muchas gracias y a trabajar.

domingo, 23 de octubre de 2011

Cosas que hacer cuando uno está enfermo

El viernes fue un día durísimo para los alumnos de 4ª A y 4ª C de la ESO del Juan de Valdés. Cuando vieron que no era su queridísimo profesor de Lengua el que entraba en el aula sino un sustituto, se temieron lo peor. ¿Habrá decidido abandonar la enseñanza tras nuestra negativa a aprendernos bien las leyes fonéticas? ¿Se habrá marchado al exilio tras repetir varias veces a algunos alumnos que escriban en sus blogs, sin resultado alguno? ¿Habrá huido porque no quiere repetir quinientas veces cómo va a ser el examen, tras lo ocurrido el miércoles pasado en 4º A?

No, nada de eso. Todo fue el horrible catarro que fui arrastrando durante toda la semana y que el jueves por la tarde acabó de dejarme hecho polvo, con lo que el viernes fui al médico y me pidió reposo. Ahora, ya con el peligro de una muerte inminente alejándose de mi vida (sí, ya sé, solo era un catarro, pero tengo derecho a dramatizar, ¿no?), puedo contaros qué fue de mi vida durante ese día aciago.

Pues dormir principalmente es lo que hice, "sudar el catarro", como se dice coloquialmente. Cuando por fin tuve fuerzas para levantarme y tomarme un zumo de vitaminas C por un tubo, junto a un café calentito, me senté frente al televisor para disfrutar de esos programas matutinos que nunca veo por estar enseñando mi mucha sabiduría a unos adolescentes ávidos de ella. Inmediatamente me di cuenta de que nada me perdía. AR atacaba en Telecinco, mezclando churras (historias de Acorralados, Belén Esteban, la Duquesa de Alba...) con merinas (el fin de la violencia de ETA, desapariciones de niños y otras noticias amarillistas, política...), todo sin ton ni son, sin pies ni cabeza. Mi cabeza estallaba (no sé si era AR o la enfermedad que sufría en ese momento) y decidí quitar la tele. Intenté leer, a ver si acabo de una vez este Juego de tronos, que me está costando más de lo que creía. Nada, al rato, acabé abandonándolo por un libro de tiras cómicas del gran Carlos Areces, el humorista más bizarro y surrealista de la España actual.

Como leer acababa mareándome (la enfermedad se agravaba por momentos, la Parca se acercaba a mí, acechándome con su guadaña), decidí poner la tele. Como el canal que quedó fue T5, allí apareció ese programa del averno llamado Mujeres y hombres y viceversa, que hace que todo ser humano pierda la esperanza de que en nuestro país haya vida inteligente. Tras cinco minutos en el que chonis e imitadores de CR9 discutían por citas más falsas que un euro de madera, me pasé a la MTV, donde ponían "Cita con mi madre", un programa aún más falso pero que al menos tiene la gracia de lo impostado, de lo irreal. En él, un joven norteamericano busca desesperadamente novia, y para ello tiene cita con tres madres que intentarán vender a su hija como la mejor candidata.

El protagonista, siempre un intelectual cuyas aficiones son hacer surf, ir al gimnasio y bailar imitando a los negros, sin él serlo, no puede ver las caras de las hijas, solo las de las madres. Finalmente, elige a ciegas a una candidata, resultando ser la más guapa, cómo no. Viendo el programa, creía que deliraba, que era la enfermedad la que estaba creando imágenes tan absurdas como las que aparecían en la enorme pantalla de mi televisión.

Tras una frugal comida, una visita al médico y a la farmacia. De vuelta a casa, decidí que mi vida tenía que culturizarse antes de morir esa misma noche, por lo que decidí quitar Sálvame para escuchar el nuevo disco de Björk (la reina del hielo) y leer algunos blogs de cómo ser moderno en Madrid. Así, descubrí que hay una exposición de Delacroix en CaixaForum, de obligado visionado para mis alumnos de 4º (véase próxima entrada en este vuestro blog).

Por la noche, un nuevo capítulo de la imprescindible y terrorífica American Horror Story, tras ver un nuevo capítulo del terrorífico y totalmente prescindible reality show El Campamento, donde los niños que Supernanny no pudo salvar con sus consejos (y su pizarra de tareas y recompensas) se han convertido en unos malotes muy muy chungos que gritan y maltratan a sus padres. Ay, si hubieran hecho caso a Supernanny, no estarían ahora como están.

Cuando ya mi cuerpo no me pedía otra cosa más que dormir y recuperarme, me fui (más bien, me arrastré) a la cama. Tras un fin de semana de reclusión y tratamiento, estoy en disposición de anunciaros que mañana volveré al cole con más fuerza que nunca y ganas de llenar vuestra cabeza de datos totalmente útiles para vuestras vidas (presentes y futuras). Gracias por los mensajes de apoyo que, a buen seguro, escribiréis a continuación para desear mi pronta recuperación. Hasta mañana.

domingo, 16 de octubre de 2011

1ª revisión

Queridos alumnos, ya está hecha la primera revisión. Me he ocupado esta vez de poner un comentario (bueno, y en muchos casos, más de uno en varias entradas) para indicaros cómo van los blogs, después de leer todo lo que habéis hecho hasta ahora. Leedlos aténtamente, corregir lo que pida en algunos casos y seguid mis consejos si queréis sacar una buena nota en esta parte de la asignatura.

Solo dos alumnos no han sido evaluados en esta revisión, ambos de 4ºA: Ruben y Bruno. Por favor, mirad vuestros blogs y leed el comentario que os pongo en la entrada. Tenéis de plazo hasta mañana.

domingo, 9 de octubre de 2011

No me llames profe

Lo mejor de ser profesor es cuando os vais del colegio para siempre. Vaya inicio polémico, ¿eh? Parece que lo que digo es que estoy deseando que os larguéis para no veros jamás. Pero no es eso lo que quiero decir. Lo mejor de ser profesor es que cuando os vais del colegio para siempre, comienza una nueva forma de relación que es incluso mejor que la anterior. Desaparece la distancia profe-alumno que es inevitable crear, si quieres que, como profesional, funcione tu clase.

Es entonces cuando se crea un vínculo basado muchas veces en los buenos recuerdos y la nostalgia que surge de una y otra parte, pero también una relación de adulto a adulto, de manera que podemos conversar de cómo nos va la vida, cuando venís a vernos pasado un tiempo, y podemos tomar un café hablando de todo un poco.

Si hay algo de lo que esté orgulloso y satisfecho de mi trabajo es que mantengo con muchos alumnos una relación de amistad una vez pasada nuestra etapa educativa juntos. Y me refiero a alumnos ya muy mayores, puesto que a pesar de mi juvenil aspecto, llevo ya muchos años aquí en el cole, pasando por mí varias generaciones de alumnos.

Así, todos los años voy al cumpleaños de N. , exalumna que estudia para ser diseñadora de moda, que celebramos con su familia en un restaurante chulo del centro de Madrid; fui a la boda de M., de la que fui tutor hace ya siglos; me encuentro con V., licenciado en Turismo, en todos los conciertos habidos y por haber en Madrid y los comentamos juntos; quedaré con Y., futuro profesor, esta misma semana para ir a la Filmoteca Nacional a ver una película del ciclo de John Waters, el rey del cine trash; hablo casi todos los días con A., T., L., I. y otras decenas de exalumnos por Facebook, comentándonos unos a otros cualquier chorrada que pongamos...

El viernes pasado tocaba quedada con tres de mis exalumnos más queridos, I., C. y B., los tres estudiantes universitarios ya. Con ellos tengo una cita ineludible todos los años: nos vamos a un festival de cine de terror aquí en Madrid y nos tiramos un fin de semana entero viendo películas con alto contenido en hemoglobina y zombies, junto a todos mis amigos que también vienen y un sobrino mío. Pero de vez en cuando quedamos para irnos a dar una vueltecita por el centro, especialmente por la Fnac, ese templo sagrado para los cuatro. Yo acabé comprándome dos packs de series y C. un bizarrísimo disco de funk, que tenía una pinta espantosa, lo que supuso un cachondeíto tremendo toda la noche.

Luego nos fuimos a cenar: yo propuse ir al Musashi, un japonés barato y delicioso, y B. e I. inmediatamente secundaron la moción, quedándose solo C., que nunca había comido la deliciosa gastronomía japonesa. El pobre se quedó con hambre, me temo, pero nosotros nos pusimos ciegos a tallarines, empanadillas gioza, ternera teriyaki, kakiage don y sushi.

Tras la cena, nos fuimos a un café en el barrio de Malasaña, donde estuvimos charlando de todo aquello que nos gusta: cine, libros, series de televisión, nos metimos con Cheers y El barco...Como vimos que allí podíamos coger juegos de Trivial, decidimos echarnos una partidita, para demostrarme que ya me superaban en conocimientos. Por supuesto, les gané. Pero sudé para ello, porque me tocaban preguntas imposibles y C. siempre iba por delante. Las risotadas que nos dimos fueron bien escandalosas.

Vencedor, decidí retirarme antes de que me humillaran. Y es que a pesar de todo sigo siendo su profe, y tengo que mantener el estatus. A pesar de todos los años, muchos me siguen llamando "profe", y yo les pido que no lo hagan, que ya es hora de que pasen página. Ya hemos dejado de ser profe-alumnos. Ahora, somos amigos y punto.

domingo, 2 de octubre de 2011

Perdidos en un barco

Todos vosotros, queridos alumnos, ya me conocéis mi aversión y aborrecimiento general por la series hechas en nuestro país, puesto que tenéis que sufrir mis comentarios sarcásticos y, a veces, corrosivos sobre alguna de vuestras series españolas favoritas. Y es que es un misterio muy grande lo que ocurre en nuestro país.


Mientras que en el resto del mundo triunfan series venidas de las Américas que destacan por una calidad extraordinaria, por tener buenos actores y guiones, crear ideas nuevas y divertidas, no repetirse en los mismos esquemas y clichés, en nuestro santo país los creativos televisivos solo se dedican a fusilar ideas extranjeras para hacerlas después con actores malos, cuya única virtud es quitarse la ropa mientras farfullan palabras que nadie entiende, puesto que no saben vocalizar.


Pero peor es cuando el creativo de marras intenta hacer una serie típicamente española (pero siempre imitando algo que ha visto en alguna serie buena americana): entonces el nivel de mamarrachez y desvergüenza llega a cotas inimaginables.

Cuando uno sabe que estas series tienen, encima, mucho éxito de audiencia, mientras que las grandes series americanas acaban relegadas a horarios intempestivos y a programaciones imposibles, le dan ganas de hacerse de otro país. Hoy voy a comentar dos series, una americana y otra española. La comparativa dejará bien claro este panorama tan desolador de nuestra santa televisión.

- Lost (Perdidos): durante seis temporadas, los creativos de esta serie mantuvieron en vilo a todo un planeta, a través de las vidas e historias de unos personajes abandonados a su suerte en una isla misteriosa, supuestamente abandonada, pero repleta de personajes bien siniestros, especialmente los habitantes originarios, los otros. Por medio de un guión milimétrico, en que todo estaba hilado y pensado desde un principio, avanzó una historia apasionante, cuyo final no fue del gusto de muchos de los losties, los fans absolutos de la serie. Una producción llena de buenos actores, paisajes impresionantes, exteriores e interiores llenos de detalles (para el episodio piloto compraron un avión y lo despedazaron, para simular el accidente que inicia todo). Había mucho dinero, sí, pero también mucho trabajo bien planeado y una forma de entender la televisión como espectáculo.

- El barco: durante una temporada, los creativos de esta serie fusilaron los guiones de Lost pero sin darle ni coherencia ni estilo alguno, la excusa de un barco en un mundo desaparecido y tragado por agua solo servía para tener desnudos a chicos y chicas jóvenes, cuya única labor actoral era quitarse la camiseta cada dos por tres. Ni un solo actor bueno, ni uno. Los guiones parecían escritos por desquiciados que pasaban de la comedia que no hacía gracia a una tragedia que solo daba risa. Y encima, como toda serie española, incluyendo personajes tópicos: el tonto del pueblo, el señor gruñón, la niña repelente, el malote de barrio, el malo malísimo...Todo sin pies ni cabeza, una historia que no saben ni de dónde viene ni a dónde va. Improvisan en cada capítulo, y se nota, en esos diálogos propios de simios. Estas son las series de España.

Asi que, queridos alumnos, si como patriotas que somos queremos salvar nuestro bello país de la incultura, de la mamarrachada sin fin, del retraso secular, es momento de decirle NO a las series malas. Y como la mayoría de ellas son españolas, hay que decir no, y buscar más allá. Que en un país como los US de A estén pasando por la edad dorada de la tele, y nosotros por una edad de descamisados y descerebrados, es para hacernos pensar que quizás estemos un poquito desfasados.

Y en próximos capítulos, Modern Family vs Cheers. ¿Existe el humor inteligente en España?